jueves, 3 de julio de 2008

Cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta bajo la ley general del cambio

La capacidad de anticipación de un ser vivo expresa la variabilidad de los estados accesibles (o complejidad) de un individuo vivo, una vez fijados (conocidos) los estados accesibles al entorno. Se trata pues de un interesante término cruzado entre el sistema y su entorno.
La capacidad de anticipación de una lombriz, que sólo detecta ciertos cambios groseros de humedad o de luz ambiental, es pequeña. La capacidad de anticipación de la torre de control de un aeropuerto en cambio, es grande. El sistema inmunológico, la inteligencia y el propio conocimiento científico son claros logros de la evolución para ganar anticipación.
La capacidad de cambiar el (o de) entorno expresa la variabilidad de estados accesibles del entorno, una vez fijados (conocidos) los estados accesibles del individuo. Es pues otro interesante término cruzado, el término cruzado simétrico. Puede tener el sentido directo de impacto ambiental, muy pequeño en el caso de un inmenso desierto transitado por un solitario beduino o muy grande si se trata de la afluencia masiva de bañistas a una pequeña playa. Pero también expresa, y es el quid de la cuestión, la manera accesible al ser vivo para introducir modificaciones en su entorno. En esencia hay dos modos: la tecnología (cambiar el entorno) o la movilidad (cambiar de entorno).

La ley general del cambio es una identidad matemática (no confundir con la identidad de un objeto o de un individuo, concepto representado, justamente, por el primer término de la identidad matemática). Una ecuación sólo se cumple para unos valores de las variables que llamamos soluciones. En cambio una identidad se cumple para todo valor de las variables. Por ello es inviolable e insoslayable. Si resulta que la incertidumbre del entorno de un individuo aumenta, entonces se abren tres grandes alternativas para seguir vivo: mejorar la anticipación, la movilidad y/o la tecnología. Se trata, atención, de una restricción. No esconde ninguna clase de obligación. Justamente, hay muchas soluciones compatible con la restricción determinada por ley general del cambio . Entre las soluciones posibles (entre las soluciones que no contradicen la ley), hay donde elegir. Por ello tiene sentido hablar de selección. Nos estamos ocupando de seres vivos y, por lo tanto, de la selección natural favoreciendo la idea de seguir vivo. Adelantemos sin embargo que la ley es del todo universal.
Nada hay en ella que obligue a restringir su vigencia a los seres vivos. Por lo tanto, nada se opone a generalizar su uso a la selección fundamental que favorece la idea de seguir estando, ni a la selección culta que favorece la idea de seguir conociendo.
La selección (fundamental, natural o culta) es un filtro que deja pasar las innovaciones que favorecen la independencia de alguna clase de individualidad respecto de la incertidumbre del resto del mundo.

He aquí, por el mismo precio, otra interesante manera de mentar el concepto función. El significado profundo de esa propiedad de los objetos llamada función contiene las garantías de independencia para perseverar en la realidad. La noción de individualidad (y de individuo vivo) que hemos preparado precontiene este significado. No se trata de una circularidad lógica sino de una coherencia entre conceptos de un mismo esquema. Por eso comprender un objeto de la realidad equivale a captar sus funciones, es decir, las garantías de independencia que hacen que se observe tal objeto en la realidad con la precisa frecuencia con la que se le observa. Esta es la idea central con la que trataremos de comprender la emergencia de las formas.

El propio esquema conceptual brinda la generalización de lo natural a lo inerte y lo culto. Las diferentes estrategias para seguir vivo deducibles de la ley general del cambio (y que vamos a revisar a continuación) admiten una extensión a cualquier clase de materia. Para ello basta ampliar la idea de «seguir vivo» hasta la idea spinoziana más general de perseverar en la realidad. Ya hemos visto cómo: perseverar en la materia inerte significa resistir la incertidumbre, perseverar en la materia viva significa modificar la incertidumbre y perseverar en la materia culta significa anticipar la incertidumbre. El significado de individuo también adquiere sus matices en cada materia. En la materia inerte los individuos son ciertos objetos trascendentes y estables (son las partículas, átomos, moléculas, cristales...). En la materia viva los individuos son ciertos objetos como los genes, las células, los organismos, las poblaciones... Pero quizá sea en la materia culta donde el concepto de individuo es más nítido: la mente. La selección culta es obra de una mente. La mente es el último sujeto de conocimiento. Pensar, pensar, pensar, piensa una mente.
El paso siguiente sería el grupo humano. Con ello entramos sin duda en política. Se puede hablar incluso de una selección más como candidata a nuestro esquema conceptual. En ese caso habría cuatro clases de selección bien distintas: selección fundamental, selección natural, selección culta ¡y selección social! ¿Cómo se toma una decisión colectiva? Eso es política. En un extremo está la autocracia en sus diferentes versiones: una mente convence al resto de las mentes para que deleguen en ella el acto de seleccionar, luego vienen las distintas formas de participación, las distintas maneras de elaborar una selección colectiva. Entre ellas está por ejemplo la democracia...
Pero sigamos con los seres vivos cuya gran ilusión es, como bien se sabe, seguir vivos. Con la posibilidad de la generalización en mente, nos disponemos ahora a plantear la cuestión central de la evolución en el caso de la materia viva. Se trata de estudiar las alternativas disponibles que tiene un ser vivo para perseverar cuando la incertidumbre de su entorno aumenta. Sobrevolemos, aunque sea rápidamente, tres grandes familias de soluciones. Son la independencia pasiva , la independencia activa y la nueva independencia . Se trata de ver lo que da de sí la ley general del cambio en el caso de la materia viva. La extensión de lo que sigue a la materia inerte es casi trivial. La extensión de lo que sigue a la materia culta da sin duda para un libro.

Independencia pasiva

La manera trivial de ser independiente consiste en aislarse. Si no se intercambia nada con el exterior (materia, energía o información), el exterior no influye en el interior, y viceversa. Sólo que para un ser vivo, tal cosa no es en principio demasiado interesante porque el único estado termodinámico compatible con el aislamiento es el equilibrio termodinámico, el estado donde ya ha ocurrido todo lo que podía ocurrir. Biológicamente hablando: la muerte. Sin embargo la vida aprovecha aproximaciones de riesgo cerca del estado que la niega.
Un caso es la independencia pasiva por simplificación . Consiste en reducir la actividad interior casi a cero. En condiciones muy especiales de baja complejidad, tal cosa puede ser soportable. Es el caso de sistemas provisionalmente lo bastante simples como las semillas, esporas u otras formas resistentes, que pueden esperar inactivos la llegada de tiempos mejores. También es el caso de sistemas no tan simples, pero que renuncian a buena parte de su actividad a la espera de una mejora de las condiciones del entorno, como la hibernación, la latencia o el letargo...
Autor: Jorge Wagensberg
Fuente: Tomado de la página Web www.revistasculturales.com/articulos

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