1. Organización social y política
El ayllu era el grupo social fundamental en el Perú y existía mucho antes del imperio Inca. En los primeros tiempos, cada ayllu tenía tierras de cultivo y un jefe, el Sinchi, al que le debían obediencia. El ayllu era como una inmensa familia, con muchos parientes y primos.
El la época imperial, los incas desplazaron al Sinchi, por otro funcionario llamado CURACA también familiar, pero nombrado directamente por el Inca. Esto le permitía tener un gran control sobre todas las comunidades. Los ayllu de una región estaban agrupados en sayas (secciones) y estas formaban un Huamán (provincia). Cada provincia tenía su capital. Las provincias estaban agrupadas en cada uno de los cuatro cuartos (Suyus) en los que se dividía el imperio:
• El Antisuyu comprendía el noroeste
• El Collasuyu, hacia el sureste, ocupaba las tierras altas de los aimarás, la cuenca del lago Titicaca, la mayor parte de Bolivia, y las tierras altas del noroeste de Argentina y el norte de Chile.
• El Cuzco era la Capital inca, centro del Imperio.
• El cuarto noroeste o Chinchasuyu abarcaba Ecuador y el norte peruano.
El imperio, en su total recibía el nombre de Tahuantisuyu, "la tierra de los cuatro cuartos". Los gobernadores de los cuatro cuartos formaban parte del Concejo de Estado, con sede en Cuzco y, generalmente, eran parientes del Inca.
Los gobernadores mandaba a los curacas, que tenían distintas categorías según cuantos hombres o contribuyentes tuvieran bajo su jefatura, así el de mayor categoría era el que controlaba a 10.000 y el de menor a 100. Al frente de grupos más pequeños estaba los capataces, plebeyos nombrados por curacas. La estructura social era similar a la de un moderno ejército, con cabos y sargentos dirigiendo grupos reducidos, y oficiales para los grupos mayores.
2. Super Estado
El Estado ejercía importantes funciones en la sociedad incaica. La tierra era de propiedad del estado y la mayor parte de explotaba comunalmente, también le pertenecía los rebaños de llamas y las minas. El estado protegía a la población del hambre, la explotación y de cualquier necesidad. Los habitantes estaban muy reglamentados, no se podía salir de la comunidad sin permiso. Los nobles y sacerdotes eran mantenidos por el trabajo del pueblo. Las tierras tenían, entonces un reparto tripartito; esto es el Estado, la Iglesia (sacerdotes), y el pueblo.
A cada persona se le daba tierra para que pudiera alimentar bien a su familia. Los límites de los campos estaban marcados y su destrucción era considerada delito gravísimo. Las tierras no comunales eran cultivadas primero. Cuando llegaba la época de siembra o cosecha llegaban los funcionarios para avisar que era hora de ocuparse de los campos sagrados.
Los cosechado en los campos del Estado o de los sacerdotes, era guardado en depósitos separados y lo obtenido era para alimentar a sacerdotes o nobles.
En las zonas de pastura de tierras montañosas, la mayor parte de las llamas pertenecían al gobierno que almacenaba la lana y luego la repartía entre las familias, según sus necesidades. El campesino tenía como propios la casa, el establo, pequeños animales domésticos (perros, cobayos, patos y gallinas sin cola) y el granero, además de los útiles de labranza. Es importante señalar que las comunidades de montaña poseían tierras en zonas costeras y viceversa, así no se producían saturaciones con un mismo tipo de alimento.
El pueblo debía además realizar trabajos públicos, (servicio en el ejercito, construcción de carreteras, puentes o fuertes) a esto se le denominaba mita. El tiempo de la mita era variable y podía extenderse durante bastante tiempo. De este servicio, obligatorio entre los 18 y los 50 años, estaban exentos los artistas y artesanos.
Los yanaconas eran jóvenes separados muy temprano de los ayllus y eran utilizados, ya sea para tareas en la corte o en la agricultura. A diferencia de la mita, que después de cumplida autorizaba a regresar a su tierra, los yanaconas no regresaban más. Como en ocasiones se los entregaba para el servicio personal de los curacas, con el tiempo podían ellos mismos tener ese cargo. Las niñas más bellas e inteligentes eran llevadas a ser educadas en los templos o ser destinadas al sacrificio. Algunas, las que mejores dotes demostraran eran educadas para ser Vírgenes del Sol, sacerdotisas que debían hacer votos de castidad perpetua. Las menos bonitas, las reservaban para tareas comunales y eran llamadas huasipascunas, muchachas descartadas.
3. Escritura y literatura
La educación en el imperio incaico estaba reservada a los nobles y se impartía en escuelas ubicadas en la ciudad de Cuzco. Se les enseñaba aritmética y astronomía. Teniendo en cuenta que la economía estaba basada en la agricultura se comprende la importancia de estas ciencias para medir las tierras, y calcular los cambios de estaciones. Los amautas eran los encargados de enseñar los preceptos religiosos, los conocimientos políticos, históricos y el manejo de los quipus. El resto del pueblo no tenía acceso a una educación sistemática. Se procuraba, no obstante, que todos los habitantes del imperio aprendieran el quechua, pero más por intereses políticos, que educativos.
No se puede afirmar categóricamente que los Incas no conocían la escritura pues siendo un pueblo altamente evolucionado, es posible que en los quipus y las complicadas inscripciones rupestres, así como en los diseños textiles (tocapus), se encuentre la clave de su grafía. La existencia de tradiciones verbales sobre las leyendas del incanato y la riqueza de sus fábulas hacen indiscutible la existencia de una literatura, cuya expresión más difundida es el drama "Ollantay”
El quipu era un conjunto de cuerdas, unas largas principales, de las cuales colgaban otras más pequeñas. El sistema consistía en una especie de soga pequeña de la que colgaban varios hilos. En esos hilos se hacían nudos de distintos tamaños y colores, que, según estuvieran más juntos o más separados, tenían significados diferentes. No todo el mundo sabía descifrar el quipu: los quipucamayoc eran los especialistas encargados de hacerlos, leerlos y guardarlos. Los hijos de los nobles aprendían en la escuela la lectura de quipus. Por medio de los quipus se podía saber, por ejemplo, que asuntos importantes habían pasado durante el gobierno de un antiguo Inca, cuanta gente vivía en un pueblo, cuanto maíz o unidades de otros alimentos había en los depósitos.
En las provincias había cronistas encargados de consignar hechos importantes, que se transmitían por relación oral con la ayuda de los quipus para ordenación de los sucesos. También tenían haravecs, poetas y "inventores", que componían canciones para las fiestas reales, especialmente para ser cantadas en las comidas.
Mucha información sobre la educación y la cultura del Imperio Incaico se perdió durante la conquista, ya que, los españoles, muchos de ellos gente inculta que solo ambicionaba el oro y la plata, se dedico a saquear y a matar a los nobles y a la gente que dirigía el Imperio, destruyendo formas de expresión, de cultura y de organización. Según datos de cronistas e historiadores de la época, la población del Imperio Incaico era aproximadamente de siete millones cuando llegaron los españoles, quedando años después reducida a solo un millón de habitantes esclavizados y humillados por los conquistadores.
vía|http://pedrohorcacitas.spaces.live.com/
lunes, 15 de diciembre de 2008
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