Es noticia estos días la estafa a por lo menos tres millones de personas en Colombia que invirtieron dinero en empresas que ofrecían ganancias rápidas y prodigiosas. Dichas ganancias no aparecieron según lo ofrecido y la gente ha prorrumpido por las calles manifestándose y hasta cometiendo desmanes en medio del furor de sus reclamos. El gobierno ha intervenido. El Superintendente financiero renunció y hoy su sustituto toma decisiones y gestiona apresurado la devolución de al menos parte del patrimonio pillado a los ahorradores de estas organizaciones financieras. Y es que la policía ha podido asegurar alrededor de 40 millones de dólares acumulados por los administradores de las famosas “pirámides”.
Se les suele llamar pirámides porque se trata de que una persona reclute a 4 ó 6 ó más individuos que aporten una cantidad de dinero poniéndola a disposición de los encargados. Cada uno de los reclutados debe hacer lo mismo por lo que se espera una afluencia grande de miembros y de dineros. Todos los participantes que logren llevar personas aportadoras de dinero cobran una “comisión” por inversor logrando con esto ganancias jugosas en muy poco tiempo.
En México han existido también estas organizaciones. En los años ochenta se habló mucho de ellas. En Mexicali, por ejemplo, supimos de personas que ganaron hasta un 1000% en solo 4 días. Viendo resultados así, la gente inmediatamente quiere seguir invirtiendo deseando ver su dinero crecer como por intervención divina.
Bastantes personas han logrado cobrar sumas altas en estas maniobras piramidales. En tanto la afluencia de nuevos miembros se mantenga constante y la integridad de los organizadores esté presente todo es como un sueño glorioso. Los problemas se hacen evidentes cuando la desconfianza surge. La gente duda. Ya no acuden nuevos reclutas, por lo tanto, ya no hay dinero nuevo y mucha gente reclamará lo que vio antes en otras personas: ganancias. Alguien sale lastimado y las protestas son airadas. La falta de probidad de los administradores de la pirámide es asimismo un factor contundente para el fracaso de una empresa como estas.
En México el gobierno no ha visto con buenos ojos estas actividades. Sabemos de otros gobiernos que tampoco aprueban estas prácticas. Hay quienes piensan que el Estado ve en las pirámides financieras una amenaza. Hay mucho dinero circulando, pero el fisco no percibe nada, además, donde suele haber lotería, dichas pirámides son una competencia fuera de proporción para esas rifas de suspiros de los gobiernos que son las loterías. Simplemente las personas optan por la inversión en esos grupos en vez de comprar boletos.
Como vemos, las pirámides de dinero son polémicas, aunque esto no significa que sean ilegales. Quizá con un poco de reglas se pueden convertir en un excelente instrumento de inversión para los que no somos ricos. No lo sé.
Solo sé que los ricos ya tienen desde hace mucho sus pirámides financieras. La más famosa de todas es la de Wall Street en Nueva York. Y data del siglo antepasado. Y les ha sucedido a estas pirámides de ricos llamadas casas de bolsa lo mismo que a las pirámides de Colombia: han tenido muy buenos tiempos con ganancias para la mayoría y también tiempos muy malos donde también la mayoría pierde mucho de su patrimonio invertido. Todo mundo acepta a los mercados de acciones como algo lícito, no obstante los problemas graves que se generan ahí: alzas de precios de bienes, empobrecimiento de muchos, ruina de bastantes y enriquecimiento extraordinario de muy pocos. En estos días estamos viviendo una crisis financiera generada en medio de la pirámide de Wall Street. No hemos sabido que se persiga penalmente a alguien.
Y es que las casas de bolsa, los mercados de acciones, de dinero y de capitales son iguales en su sustancia a las pirámides de Colombia que actualmente combate el presidente Uribe y su nuevo encargado de finanzas. Mientras el inversionista compre acciones todo marchará bien. Si el inversionista desconfía, retira su dinero y ya no invierte provocando el colapso del juego. En las pirámides que conocemos de Hispanoamérica, si la gente desconfía, pide la devolución de su dinero y ya no invierte más, esto provoca el derrumbe del edificio con los consabidos conflictos.
Los mercados de acciones y las pirámides financieras y otras prácticas similares son juegos que el ser humano quiere jugar, sin embargo, las fallas en su funcionamiento pueden detonar grandes adversidades que dañan el entorno y a muchos inocentes, por lo tanto, es tiempo de cambiar. ¿Existirán la inteligencia, la voluntad y el valor para hacerlo? ¡Oj-Alá!
vía|http://www.articuloz.com
lunes, 15 de diciembre de 2008
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