Las competencias y el talento necesario para realizar con excelencia la misión de una empresa evolucionan constantemente en la misma medida que lo hacen también las expectativas y las necesidades de clientes, empleados y accionistas.
Las expectativas y las necesidades del comprador de un carro hoy son muy diferentes a las que tenía hace dos décadas o más, y dentro de otros 20 serán muy distintas a las actuales.
Lo mismo ocurre, por ejemplo, con las necesidades y las expectativas de los empleados de una compañía. La misión puede mantenerse ‘intacta’ durante décadas, sin embargo, la forma de llevarla a término de modo excelente está en constante evolución.
1. Identificar necesidades de cambio. El compromiso con la misión exige una excelencia que lleve al cambio buscando constantemente la mejora y el desarrollo de toda la organización.
2. Cambio personal. Lo que cambia son las personas. Una vez identificado el nuevo camino, el líder debe ser el primero en recorrerlo.
No se aferra a sus planteamientos ni tiene miedo a perder la autoridad por admitir sus errores. Basa su prestigio en el esfuerzo por mejorar y cambiar lo que haga falta para llevar a cabo la misión.
3. Promover el cambio en los colaboradores. La excelencia en la misión no se consigue en solitario, sino solidario. Para que el cambio trascienda hacia abajo y coordinadamente, el líder ha de ser un auténtico coach de su gente.
4. Generar nuevos líderes. El paso que culmina el éxito del cambio y, en definitiva, el mayor éxito por el que puede sentirse orgulloso un líder centrado en la misión, es conseguir que sus colaboradores se transformen en nuevos promotores del cambio y en nuevos líderes.
En estos tres ciclos –compromiso, cooperación y cambio– hemos intentado condensar toda nuestra experiencia de cómo se genera el liderazgo centrado en la misión a lo largo de la organización.
Éste es todo un proceso del que todavía no conocemos completamente sus causas.
Sin embargo, el hecho que hemos podido observar es que este tipo de liderazgo se transmite ‘de arriba abajo’, siguiendo estos tres ciclos, a medida que los líderes profundizan y hacen más fuerte su compromiso con la misión, creando espíritu de cooperación y promoviendo el cambio necesario para realizar la misión con excelencia.
Esto no significa necesariamente que el Liderazgo Centrado en la Misión se consiga en todos los casos en los que se quiere poner en práctica y en su máximo potencial.
El liderazgo no deja de ser una especie de realización personal, el fruto de muchas victorias, pero también de un gran número de derrotas asumidas con deportividad y con mucho espíritu de aprendizaje, para que constituyan un archivo de aprendizaje futuro.
En el fondo, no se puede decir que el LCM se haya conseguido de una vez para siempre.
Las personas cambian, las circunstancias también, y siempre habrá que estar reforzando el proceso.
vía|Pablo Cardona y Carlos Rey
miércoles, 8 de octubre de 2008
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