Como ante un jefe inepto o corrupto, ante un narcisista, y según el grado y las circunstancias, cabe largarse, quedarse hasta poco antes de que se hunda el barco, o hundirse con el mismo; pero no hay que descartar que la empresa haya conseguido situarse en aguas y vientos favorables, y continúe su trayectoria aceptablemente. Pensando en que hemos de convivir con un jefe a tope narcisista, ¿qué podemos hacer? ¿Hay realmente que hacer algo? Desde luego, el narcisista genera emociones en sus testigos. Si, por muy profesional que se sea, uno carece del estómago adecuado, parece natural que se reaccione de alguna manera, no siempre adecuada. Como yo lo he hecho muy mal cuando me he visto ante un jefe así, creo poder apuntar algunas cosas que sí podrían ser más válidas.
Antes de hacerlo y aunque el lector se preguntará quién estaba más tocado, déjenme recordar algunas cosas que yo hacía, no sabiendo qué hacer. Hace ya tiempo de esto pero tuve, en efecto, un jefe que parecía encajar en el perfil que estudiamos. Recuerdo que cuando se acercaba a mi zona de trabajo, y aunque no se dirigiera a mí, yo me ponía de pie; noté que volvía la cabeza al irse, para comprobar si también coincidía su marcha con que yo me volviera a sentar. En la misma intención, cuando él me llamaba a su despacho, yo cogía mi chaqueta del respaldo de la silla, iba deprisa a su despacho, me paraba en la puerta y, ante sus ojos, me ponía apresuradamente la chaqueta antes de entrar; a veces, hasta me colocaba el nudo de la corbata. Nunca me dijo que dejara de hacer tonterías. Sigo creyendo que no se daba cuenta de que le estaba tomando el pelo, pero confieso mi irreverencia mientras lo recuerdo con cierta sonrisa.
Bien pues, en torno al narcisista hay quienes optan por sumarse a la corte de aduladores y pleasers, en espera de contrapartidas. Pueden reconocerse también los políticamente correctos, que consideran que deben ser leales al jefe, sea lo que sea y haga lo que haga. Asimismo pueden aparecer quienes encaren la situación, ya sea con fines legítimos o espurios. Si Ud. rechaza la conducta del narcisista pero, mientras aparece una alternativa idónea, opta por sobrevivir en ese ambiente lo más dignamente posible, conservando algo de su iniciativa e independencia moral, le someto ya mis sugerencias:
* Evite las críticas o limítelas mucho en fondo y forma.
* Esté atento a posibles trabajos-trampa que se le encarguen.
* Prevéngase de reproches o acusaciones inmerecidas.
* Realice su trabajo, si le gusta, con cierta autotelia.
* Respire aire fresco, de vez en cuando.
* Cultive apoyos a su alrededor.
* Recele de los elogios internos que reciba.
* Practique el aprendizaje permanente.
* No alardee de sus conocimientos pero tampoco los oculte.
* Disimule su alejamiento emocional del jefe y su corte.
* Haga poco ruido, pero vaya ganándose respeto profesional.
* Sin llegar a enfrentamientos, impida que se apropien de sus méritos.
Nada nuevo en realidad, y además ya sabe que los consejos están para saltárselos, y que, bien pensado, lo que funciona es la intuición. Si a Ud. le funciona bien (la intuición y todo lo demás), es posible que esté a salvo. Pero ya ve: Ud., persona de cierta integridad, va a tener que dedicar una parte de ese recurso limitado que es la atención, para prevenir ataques y montar defensas. Ahora le voy a proponer un breve examen de conciencia por si quiere asegurarse de no ser narcisista.
vía|Jose Enebral Fernandez
miércoles, 8 de octubre de 2008
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